Irlanda, el tigre céltico, no para de sorprender los economistas para su capacitad de desarrollo y para la rapidez con la cual está saliendo de la crisis. Hace pocos días la importante agencia de rating internacional Moodie’s promovió este país desde Baa3 a Baa1, motivando que su crecimiento, considerablemente más fuerte si lo comparamos a la tasa media de la zona euro, no está relacionado simplemente con el sector del export, punto histórico de fuerza para la economía irlandesa, sino también con el crecimiento del producto interno, lo que hace pensar que la elevada deuda pública (que en la actualidad supera el 120%) pronto podría ser reducida.
Irlanda consiguió salir de su plan internacional de ayudas hace a penas cuatro meses: un plan de 67,5 millardos de euro que se originó debido a la crisis y que obligó el país a importantes maniobras de saneamiento y a medidas de austerity, como la reducción del 22% de los sueldos. Durante el desarrollo del plan de ayudas, Irlanda no pudo tener su propio rating, así que en el fondo su tan rápido ascenso en Moody’s representa un caso muy interesante a nivel económico.
Pero ¿qué se esconde tras el éxito de Irlanda? y ¿porqué en la actualidad Moodie’s considera su economía más confiable respecto a la de países como España e Italia? Para entender los factores que determinaron los acontecimientos más recientes, tenemos que remontar a la historia económica de este pequeño país del norte de Europa.
Entre los años Setenta y Noventa, Irlanda se transformó: a partir de uno de los países más pobres de Europa, marcado por una fuerte tasa de emigración y por una economía insatisfactoria, se volvió la isla conocida como el tigre céltico, uno de los modelos más exitosos de las nuevas economías nacionales europeas. Factores determinantes en este rápido desarrollo fueron entre otros la adhesión a la CEE (Comunidad Económica Europea) en el año 1973, el abandono de las políticas nacionalistas y autárquicas, el esfuerzo para buscar nuevos tipos de negocios que se concretó en la implementación de empresas dedicadas a tecnologías consideradas claves para el futuro, como la informática, los servicios internacionales, las tecnologías médicas y los productos farmacéuticos. Otro importante factor fue el desarrollo de institutos superiores y universidades de excelencia enfocadas sobre todo en estos novedosos sectores de mercado.
En un primer momento, durante los Ochenta, las medidas no lograron los resultados esperados debido a una fuerte inflación (superior al 11%) y a la tasa de desempleo, que obligó el gobierno a adoptar medidas conservativas que acabaron alejando los inversionistas.
Sin embargo entre final de los Ochenta y comienzo de los Noventa Irlanda apostó en una drástica reducción de los gastos públicos, aumento de los sueldos, pequeñas reducciones fiscales. Las medidas formaron parte de un plan conocido como National Recovery Program, que involucró gobierno, empresas, sindicados, bancos, agricultores. Las inversiones en el área educacional dieron sus resultados, asegurando al país una clase de profesionales inclusive más preparados frente a los británicos y a los estadounidenses. Se pusieron en marcha subsidios para empresas del sector hi-tech y facilitaciones fiscales para inversionistas extranjeros. La tasa de desocupación, que rodeaba el 31% en 1989, de hecho desapareció. Irlanda se convirtió en una máquina que otorgaba posibilidades muy atractivas de trabajo, de inversión, de desarrollo, para privados como para empresas. El Tigre Céltico empezó a rugir de verdad. Importantes multinacionales informáticas como Google eligieron Irlanda como base para sus tráficos europeos.
Como consecuencia del boom económico, se desarrolló un fuerte crecimiento del mercado inmobiliario. Para asegurar nuevas infraestructuras y nuevos barrios de comercio y habitacionales, Irlanda atrajo un alto número de trabajadores extranjeros, que llegaron sobre todo desde los países orientales de la Unión Europea. Fue el comienzo del fenómeno conocido como Irish Property Bubble, que en 2008 fue un factor determinante en la nueva crisis económica irlandesa: el mercado inmobiliario hizo subir el valor de las propiedades más allá de las condiciones objetivas de la economía local, hasta cuando los precios de los inmuebles se derrumbaron de golpe. Como los bancos habían especulado largamente en el área edilicia, el fracaso de las inmobiliarias se extendió, afectando las inversiones bursátiles del país y decretando una situación de grave emergencia económica.
Producto de la crisis, en 2009 la desocupación subió al 13,8% y hubo una recesión de -7,5%. Sin embargo el gobierno intervino prontamente con medidas de austerity y una vez más el país se preparó para una nueva, compleja subida. Y una vez más las medidas adoptadas están logrando buenos resultados.
Entre los sectores que han favorecido la reactivación de la economía irlandesa, destaca el atractivo fiscal que la isla ofrece a las industrias hi-tech y farmacéuticas. Los economistas definen las empresas de estos sectores dot.com y explican que a través de un mecanismo conocido como Double Irish pasando para Irlanda las grandes multinacionales de Estados Unidos se aseguran un régimen fiscal al 2,2%, aunque la corporate tax oficial irlandesa sea al 12,5% (recordamos que Estados Unidos requieren el 33-35%). Una tasa que está entre las más bajas de mundo, junto a Bermudas (0,4%) y Caribes (1,2%). En 2011 la economía nacional creció de +2,2%, en 2012 de +0,2%; en 2013, Irlanda tuvo una leve flexión (-0,3%) pero las proyecciones hablan de un crecimiento de +1,7% para este 2014 y de +3% para 2015.
El año pasado, la flexión se debió sobre todo al vencimiento de algunas patentes farmacéuticas de multinacionales que se apoyan a Irlanda, como la patente de Pfizer para el Viagra, el célebre fármaco contra la disfunción eréctil. Sin embargo Irlanda demostró que su economía es bastante sólida para con superar sin grandes problemas la pérdida de las ingentes entradas relacionadas con las patentes vencidas.
Hace pocos días el gobierno irlandés anunció que quiere abrir una nueva campaña de patentes para asegurarse el derecho a la explotación de petróleo en las aguas nacionales. El proyecto se inscribe en el marco de las iniciativas desarrolladas al interior de un plan denominado New Era Project. Una vez más, Irlanda parece decidida a seguir haciendo escuchar su rugido en Europa y en el mundo.


