Futbol Para Todos

O solo para algunos

Por: Cristobal Rodríguez

Noviembre 25, 2019

Hamlet: ¿Quién querría
sufrir del tiempo el implacable azote,
del fuerte la injusticia, del soberbio
el áspero desdén…?
Ser o no ser… He ahí el dilema.
¿Qué es mejor para el alma,
sufrir insultos de Fortuna, golpes, dardos,
o levantarse en armas contra el océano del mal,
y oponerse a él y que así cesen?

El fútbol chileno también ha sido campo de discusión durante el estallido social del pasado 18 de Octubre. Es sin dudas el deporte más popular del país y no podía quedarse ajeno a los problemas que se viven en nuestro país hace más de un mes. Sin embargo lo que encierra esta trama del futbol profesional chileno es algo tan complejo como el famoso soliloquio de Shakespeare “to be or not to be” y no el clásico “juegue juegue” de todos los domingos.

Pitazo Inicial: Ser o no Ser…He ahí el dilema

La ley de sociedades anónimas deportivas profesionales, promulgada el 5 de Mayo de 2005, parecía ser el salvavidas económico a una actividad que si bien mueve millones de dólares en el mundo, en Chile parecía una actividad cercana al trueque o al feudo de la edad media.                Sin embargo, a principios de los 2000 asistimos a la privatización de la actividad social más importante de esta angosta faja de tierra. Nuevamente palabras como “eficacia”, “eficiencia” y “sanear la economía de los clubes” se tomaba el discurso y comenzaba a pavimentar el camino de eso que nos tiene hoy, 14 años después con un campeonato paralizado y sin señales de reactivación luego de casi 40 días de protestas sociales.

La investigación de los periodistas Sebastián Campos y Patricio Duran en 2015, señalan lo siguiente: “las corporaciones sin fines de lucro fueron por largos años una manera eficiente de agruparse para los clubes…la figura del socio…era de vital importancia, ya que fueron estos quienes levantaron los clubes y los mantuvieron económicamente antes de la aparición de la empresa privada en el deporte.”

Desde la fundación de los clubes a fines del 1800 hasta finales de los años 90, es decir, durante casi 100 años en algunos casos, un club de futbol cumplía un rol eminentemente social, generando cohesión social, identificación territorial, sentido de pertenencia y aumento del valor inmaterial de una organización eminentemente hecha por la gente y para la gente.

Cambian las reglas del juego
“el implacable azote del fuerte…”

Desde su origen, el futbol ha sido tan sencillo en sus reglas que cualquier persona que tenga un par de piedras y una pelota puede jugar un partido. Conocidas son las anécdotas de soldados chilenos y argentinos jugando mientras en ambos países la tensión armada escalaba hasta casi hacer una guerra por las islas patagónicas Picton, Lennox y Nueva en el Canal de Beagle durante 1978.

Sin embargo, la transformación más importante en la historia del futbol chileno no vino desde Zurich, casa central de la transnacional FIFA, sino desde una división administrativa perteneciente al Servicio de Impuestos Internos (SII). Una aburrida oficina perteneciente a la burocracia estatal chilena, tuvo una epifanía y decidió reinterpretar una ley del año 1970, el DFL1, que hace relación con deudas previsionales de los trabajadores ligados al futbol, lo que llevó en el caso de Colo-Colo a tener una deuda de más de 24.000 millones de pesos de un día para otro.

En la vereda del archirrival, Universidad de Chile, la historia es bastante parecida. Con la reinterpretación del DFL1, la deuda previsional ascendía a 5.400 millones de pesos, lo que llevó a esta institución a la quiebra no sin controversias por el rol jugado por la Tesorería General de la Republica  y el debate jurídico ocasionado por la imposibilidad de instituciones sin fines de lucro de sufrir la figura de quiebra en la legislación chilena.

Es importante mencionar que estas deudas retroactivas, tienen su origen en el año 1970 y que el sistema de Previsión (AFP) fue creado durante la dictadura militar de Augusto Pinochet el año 1980 por el hermano del actual presidente de Chile, Sebastián Piñera, el economista José Piñera.

La nueva interpretación de esta regla tributaria, que no había llamado la atención de ningún fiscalizador durante 20 años, fue la puerta de entrada para que la privatización del futbol profesional chileno se pusiera en marcha. Una simple reinterpretación de una antigua disposición tributaria allanó el camino para que capitales extranjeros y fondos de inversiones de personas no ligadas a la actividad pudieran hacerse vía compra de acciones de parte del patrimonio inmaterial de nuestra nación; los clubes profesionales de futbol.

Con todos estos antecedentes, el futuro del futbol chileno estaba decidido. Las experiencias de las ligas de Francia, Italia y España por sobre el modelo Alemán o Inglés dieron el marco para la instalación de nuestras sociedades anónimas deportivas. A modo de ejemplo, Nasser Al-Khelaifi dueño del club más poderoso de Francia, el Paris Saint Germain, club parisino fundado en 1970, es de un empresario proveniente de Qatar quien compró el club el año 2012 por 100 millones de Euros siendo el exclusivo dueño del. Por otro lado, en un club mundialmente famoso como Borussia Dortmund, el 100% de sus votos en las asambleas generales los poseen los fanáticos del club teutón.

Es decir, durante la creación de las sociedades anónimas deportivas, asistimos a una trama mucho más compleja que ponía de manifiesto dos formas de ver el mundo. El Neo liberalismo encarnado en la idea “el que paga es dueño”, contra la que establece un rol social de estas instituciones donde cada socio es dueño de una parte igual del capital.

El partido estaba perdido, pero quienes seguimos este hermoso deporte sabemos que el minuto más largo es el 90 y que todo puede cambiar.

 SEGUNDO TIEMPO – Lo indispensable

¿Quiénes son los indispensables en el fútbol?
Los entrenadores no somos indispensables, los medios de comunicación. Da lo mismo, los dirigentes. Da lo mismo, los árbitros. Da lo mismo. Lo único insistuible, son los hinchas, el futbol es la gente”
Marcelo Bielsa

No sería aventurado pensar que el entrenador argentino Marcelo Bielsa hubiese leído al dramaturgo alemán Bertolt Brecht y hubiese reinterpretado su famosa frase “hay hombres que luchan un día y son buenos…pero hay los que luchan toda la vida; esos son los imprescindibles” al comprender tan cabalmente que los dueños del patrimonio de un club profesional son los hinchas y no quienes a través del poder del dinero se hicieron con algo que le pertenecía a la sociedad en su conjunto.

A pesar de sobresalientes logros deportivos internacionales (Copa Sudamericana 2011 – Universidad de Chile) la pugna entre hinchas y los dueños de las sociedades anónimas no ha cesado. La participación de los hinchas en la toma de decisiones de sus clubes en la última década solo queda adscrita a quienes son poseedores de una cantidad determinada de acciones en para votar en juntas de directorios. EL modelo capitalista se había impuesto en fútbol. Quien es dueño del capital, es el dueño de las decisiones de su empresa. La responsabilidad social de los clubes había desaparecido y los hinchas solo contribuían a generar dinero a través del borderó recaudado por la venta de entradas. Es importante mencionar que esta venta de entradas solo puede ser realizada a través de abonos anuales y para personas que tienen acceso a tarjetas bancarias, ya que es el único medio de pago aceptado por portales como puntoticket o ticketpro contratados por las sociedades anónimas.

La privatización del futbol chileno es otro ámbito de nuestra sociedad donde la democracia fue suprimida por el poder del dinero y la falsa esperanza que todo es regulado por el mercado. Una actividad social fue comprada por hombres de negocios que poco y nada entienden del deporte y que no tienen ninguna identificación verdadera con aquello que están administrando, no por votación popular, sino simplemente por el tamaño de la billetera.

Los dos clubes más populares del país – Universidad de Chile y Colo-Colo- representan lo paradigmático de la implementación de las sociedades anónimas y comienzan a entregarnos pistas inequívocas para comprender la suspensión del torneo 2019 del fútbol chileno. Dentro de los mayores accionistas de ambos clubes podemos contar a infames empresarios chilenos cómo: José Yurasek, quien formó parte del escandaloso caso Chispas, Carlos Alberto Délano, caso PENTA y el financiamiento irregular de la política chilena. En Colo-Colo el escenario no es muy distinto teniendo entre sus “insignes” figuras a Gabriel Ruiz-Tagle, condenado por la colusión del papel tissue, Sebastián Piñera, actual presidente de Chile y autor de la frase “estamos en guerra” el pasado 19 de Octubre y Cristian Varela, gerente de Chilefilms, empresa encargada de la transmisión de los partidos de la liga local.

MINUTO 90 – El minuto eterno

“Levantarse en armas contra el océano del mal,
y oponerse a él y que así cese”
“Chile despertó”. Este grito ha recorrido nuestro país por 40 días y el único lugar de masas donde no ha sido escuchado es en un estadio de fútbol. Las razones resultan evidentes. A pesar del encono con que se ha tratado de sindicar a las barras bravas como los causantes de la interrupción del campeonato, queda de manifiesto que no es así. Las barras bravas existen desde mucho antes que la sociedad chilena dijera Basta! el pasado 18 de Octubre.
El fútbol así como los recursos naturales, las carreteras, el sistema educativo y las pensiones fue transformado en una mercancía con la complicidad de un estado corporativista. Con la ley de sociedades anónimas deportivas, se creó el marco legal para beneficiar dentro de los márgenes de la ley a grupos oligárquicos empresariales que ya se habían beneficiado con las privatizaciones antes mencionadas.

Resulta sorprendente comprobar que los clubes de futbol más populares hayan sido comprados principalmente por corredores de bolsa (Larraín-Vial) y que la compra y venta de acciones en Chile no pague ninguna clase de impuestos. Negocio redondo, legal e higiénico.

La disputa a la que estamos asistiendo es finalmente de carácter político y económico. Los dueños del capital en contra quienes crean el valor agregado. Como toda disputa económica que afecta los intereses de los dueños del capital, los principales reclamos son en materias de seguridad y laborales. Es frecuente escuchar en los programas deportivos televisados en CDF (Empresa que transmite los partidos) y Fox Sports (empresa que transmitirá los partidos por los próximos 15 años) que “son las barras bravas quienes tienen secuestrados a los clubes”. Sin embargo, durante estos 40 días de protestas en Chile han muerto 26 personas y 220 han sufrido daño ocular permanente por parte de las fuerzas de orden. Es por esto que el sindicato de futbolistas decidió paralizar la actividad, ya que no podían exponer a los jugadores a sufrir algún acto de violencia mientras desempeñan su actividad laboral. En materia laboral es común escuchar que “hay muchas personas que dependen del futbol, no solo los jugadores, sino guardias y vendedores ambulantes”. Esto es una falacia, ya que no pone énfasis en el problema de precariedad laboral que sufren los trabajadores asociados al futbol quienes –en algunos casos- tienen contratos por 24 horas y que sin dudas tienen un segundo o tercer trabajo porque los salarios en un país con un ingreso per cápita de 18.000 usd, pero donde el 70% gana efectivamente menos de 500.000 clp (750usd) muestran en toda su magnitud la desigualdad reinante en nuestro país.

Llama la atención que una actividad privada cuyas ganancias van a manos privadas demanden de protección del estado para realizar su negocio y que además de 34 clubes profesionales sólo 6 tengan estadio propio para desarrollar esta actividad, mientras los otros 28 arriendan al fisco los estadios para realizar el campeonato nacional. A todas luces, negocio redondo a costillas de infraestructura y seguridad pública.

Los hinchas y jugadores entienden perfectamente que son ellos quienes hacen funcionar la actividad y no los canales de televisión o los sponsores de cada institución quienes históricamente han hecho rodar la pelotita. Son los hinchas quienes durante las manifestaciones pacíficas han dejado de lado sus diferencias para luchar en conjunto por un Chile más justo y digno. Los hinchas comprenden perfectamente que los poderes económicos de manera consciente y a espaldas de la ciudadanía se apropiaron de un patrimonio social y cultural y desde sus sillones de directorio intentan que sus colores hagan una fiesta en medio de los episodios represivos más brutales de los últimos 30 años.

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